Torrijas… sabor y olor a Semana Santa


 

 

En tiempos del Coronavirus, que nos está tocando vivir… nada como entrar en la cocina, a ser posible acompañados de algún ayudante (niños o adolescentes, o cualquier miembro de la familia) y comenzar ese ritual que da a las casas el olor a Semana Santa… esa mezcla de canela, cítricos, pan frito, azúcar. Dicen que en nuestra memoria persisten los olores, y yo creo que el olor que mejor define a la Semana Santa es el de las torrijas.

En esto como en todo, cada maestrillo tiene su librillo, aunque la esencia de la técnica para hacerlas sea siempre la misma. Se emplea pan especial para hacer torrijas o bien de uno o dos días previos, se corta a rodajas un poco en oblicuo, y después lo dejaremos empapar muy bien en leche previamente llevada a ebullición con unas rodajas de naranja, una rama de canela o canela en polvo y azúcar. El final es conseguir un postre de sartén, ya que una vez bien empapadas se pasan por huevo batido y se frién en abundante aceite caliente. ¿Hemos acabado? Nooo, después se voltean cuanto antes por un plato donde tenemos azúcar y canela. Y si lo deseas, las puedes rociar con almíbar (agua y azúcar, al fuego), para que todavía resulten más jugosas. Un dulce extraordinario, de tradición… con el que acompañar el café de la tarde, o bien desayunar, junto a un café con leche. Irresistibles.

 

5 interesantes datos sobre la historia de las torrijas:

  • Se vincula su origen a un invento de los romanos, no sólo se les debe las carreteras y los acueductos, tan impresionantes como el nuestro de Segovia, de ellos se hereda el gusto por pegarse un buen festín, como los de Nerón.
  • Durante siglos, fueron alimento de pobres, un producto barato que ayudaba a recargar fuerzas mediante dos alimentos básicos (pan y leche); al ser tan saciante y calórico, comenzó a consumirse en la Cuaresma, para compensar los períodos de abstinencia, que pautaba la tradición religiosa.
  • Algunos fijan su origen por un motivo completamente distinto: que comenzaron a prepararse para aliviar el dolor de las madres al dar a luz y favorecer su recuperación. Otra teoría.
  • A principios del siglo XX, perdieron parte de su vinculación religiosa y empezaron a ser habituales en las tabernas madrileñas, acompañadas por una copita de vino ¡que no sólo de pan vive el hombre, ni la mujer!
  • Otros países tienen su versión particular de la torrija. El pain perdu francés, las rabanadas portuguesas o las french toast de los americanos; y es que un prodigio gastronómico tan asequible, nutritivo, sano y delicioso tenía que cruzar fronteras.

Buenos consejos

 

  • El secreto de las torrijas, para resultar realmente soberbias consiste en empaparlas en mucha leche, cuanta más leche tengan están más ricas. La proporción aunque parece muy alta es de una barra de pan de torrijas por litro de leche, si le ponen algo más, mucho mejor por ejemplo litro y medio de leche (parece que no se lo van a chupar, pero prácticamente absorben el litro y medio entero). Si quieres que no te sobre nada de leche, prueba con 1 litro y cuarto o 1 litro 300 o 400. ¡Verás qué ricas! Espectaculares…
  • Si te gustan muy dulces ponles algo más de azúcar en la leche que vas a llevar casi hasta el punto de cocción.
  • Puedes ahorrar un paso si echas el huevo batido en la leche aromatizada muy caliente, y pones tus rebanadas de torrijas a empapar bien en esa fuente. Después directamente puedes freírlas, aunque de ese modo quedarán menos doradas.
  • Utiliza aceite bien limpio, y si a mitad de tus torrijas ya se ha ensuciado, puedes filtrarlo muy bien, o reemplezarlo por aceite limpio. Tus torrijas quedarán más vistosas.
  • Un consejo de madres, para que no formen tanta espuma consiste en echar en el aceite la cáscara de medio huevo, o las dos partes de la cáscara de un huevo.
  • Si te gustan extrajugosas, añádeles un almíbar. Necesitas: 1/2 litro de agua, 125 gr de azúcar, 2 vasitos de vino blanco. Poner a cocer el agua con el azúcar unos 8 minutos, añadir el vino y dejar cocer 5 minutos más. Retirar del fuego y cuando aún esté caliente (pero no hirviendo), con una cuchara rociar el almíbar por encima de las torrijas. Una receta de Simone Ortega, en su libro «1080 recetas de cocina». Simone indica que si las vas a hacer con almíbar, puedes reducir la cantidad de leche que ponemos a cocer para empapar las torrijas a 1/2 litro. Yo no reduzco la cantidad de leche y además las rocío con algo de almíbar. Es una cuestión de gustos.
  • No las guardes en tupper de plástico, es mejor en recipientes de loza, cristal o cacerolas metálicas, con tapas.
  • Guárdalas en un recipiente con tapa, para que mantengan todo el aroma y sabor. Vigila que no se estropeen, no las dejes demasiado tiempo. De un día para el siguiente, sería lo óptimo.
  • Prueba a modernizar tus torrijas, utilizando pan de brioche o bien sobaos pasiegos, resultan distintas y muy ricas.
  • A la hora de servir tus creaciones más modernas, utiliza frutas del bosque (moras, frambuesas…), coulis de frutas, incluso helado de nata o de vainilla derretido (Ferràn Adrià nos dijo que al helado derretido podemos sacarle un gran partido), que puedes poner de fondo o bien utilizar rociando un poco sobre las torrijas.
  • Una vez probé unas torrijas de cacao, con salsa de chocolate caliente por encima. Creo que estaban hechas con dos capas más finas de pan y una capa de chocolate caliente entre ambos panes o bien crema de chocolate (tipo Nocilla o Nutella). Tras dejarlas empapar en la leche caliente, se pasan por huevo batido y se fríen. Después se sirven con unas cucharadas de chocolate caliente por encima. Unas torrijas para los más chocolate adictos. Como estas torrijas son muy intensas, hazlas más pequeñas, tipo pastelitos rectangulares. Y sírvelas con una bola de helado o unas frutas troceadas o en macedonia.
  • El helado también es una opción perfecta para acompañar una torrija, una bola o quenelle (cucharada) combina genial, con un postre de sartén.

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