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El magnesio, un nutriente clave para combatir la astenia otoñal

  • Aquilea, marca especializada en productos naturales de Uriach, lanza Aquilea Magnesio MAX, el complemento alimenticio de magnesio con la mayor absorción del mercado

Con la llegada del otoño y la vuelta a la rutina tras el verano, nos suele invadir una sensación de cansancio, fatiga, estrés, apatía, mal humor e incluso exceso de sueño. Un conjunto de síntomas que se han dado en llamar astenia otoñal y que pueden aparecer durante las primeras semanas del otoño. Para hacerles frente, conviene cuidar nuestros hábitos y adoptar una alimentación rica en nutrientes que nos ayuden a aliviarlos.

Nutriguia, Noviembre 2020

Libros

Agenda Gourmet 2021, con 40 recetas exquisitas

365 días para comerte el mundo. En Nutriguia.com ya tenemos nuestro ejemplar. Su autor, es nuestro querido compañero Sebastian Simón, del blog Gourmet Like Me. ¡Enhorabuena! Nos encanta que esta gran iniciativa vea de nuevo la luz... El regalo perfecto para estas Navidades, o el autoregalo más práctico para todos los que nos apasiona la gastronomía.

No ha sido fácil, pero...

¡El COVID-19 no ha podido con la Agenda Gourmet solidaria, que este año destina el 50% de los beneficios a la Fundación Aladina una ONG que cuenta también con toda nuestra simpatía y la de todos. ¿No es verdad? No en vano presta su apoyo a niños y adolescentes enfermos de cáncer. Su fundador, Paco Arango (a quién admiramos profundamente) la creó hace 12 años para ayudarlos de forma significativa tanto a ellos como a sus familias. Más de diez mil niños han sentido su cercanía. La Fundación ha conseguido mejoras hospitalarias muy importantes, como la reforma de la UCI infantil del Hospital Niño Jesús o el centro de trasplantes de médula “MAKTUB”. ¡Ha hecho milagros! Muy felices, por tanto, con el destino de ese 50 por ciento de los beneficios de su venta en 2021.

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Manuel Zamora

Desnutridos, hambrientos y... obesos: las caras de la pobreza

Organizacion panamericana de la salud

Nada como la sabiduría popular: "buen gusto tenemos, lo que no tenemos es dinero". Y aunque la fórmula pueda parecer simplista cuando se trata del problema de la obesidad, los estudios muestran una tendencia creciente al exceso de peso en las personas de bajos recursos.
"Se puede afirmar que los pobres no comen lo que quieren, ni lo que saben que deben comer, sino lo que pueden", escribió Patricia Aguirre, especialista del Ministerio de Salud y Acción Social, Dirección de Salud Materno Infantil de Argentina.

"Las restricciones al acceso a los alimentos determinan dos fenómenos simultáneos que son las caras de una misma moneda: los pobres están desnutridos porque no tienen lo suficiente para alimentarse y son obesos porque se alimentan mal, con un desequilibrio energético importante", continuó Aguirre. "Los alimentos que tienen a su alcance son productos industrializados, de producción masiva, indiferenciados y baratos".

El artículo "La obesidad en la pobreza: un problema emergente en las Américas", de los doctores Manuel Peña y Jorge Bacallao, refiere que en São Paulo, Brasil, en un estudio de 535 familias (2.411 individuos) de una población urbana marginal se observó que el 30 por ciento de los niños presentaba un déficit relativo de estatura y que el 5,8 por ciento de los varones y el 6,8 por ciento de las niñas tenían exceso de peso. Además, el 9 por ciento de los miembros adultos de las familias eran obesos. "Esos hallazgos demuestran la coexistencia de la malnutrición y la obesidad en el mismo escenario", concluye el texto, que forma parte del libro La obesidad en la pobreza, publicado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

Aguirre, ejemplifica la situación a partir del área metropolitana de Buenos Aires, el principal conglomerado urbano de Argentina, donde los precios de las frutas y verduras, las carnes magras y los lácteos tienden a aumentar más que los promedios de la inflación. Entonces, "los pobres seleccionan alimentos ricos en carbohidratos, grasas y azúcares que aunque les impiden gozar de una nutrición adecuada, satisfacen su apetito, se integran bien a su patrón de consumo tradicional y a sus pautas de comensalismo (comidas colectivas)", concluye.

Según la especialista, la industria de la alimentación favorece ese comportamiento al segmentar la oferta y comercializar productos masivos, de baja calidad y mayor contenido de grasas y azúcares que son dirigidos a los sectores con menor poder adquisitivo.

De la misma opinión, Peña y Bacallao dicen que la industria alimentaria ofrece diversos alimentos de alta densidad energética (ricos en grasas y azúcares) pero deficientes en otros nutrientes esenciales. "Su gran poder de saciedad, su sabor agradable y su bajo costo los hacen socialmente aceptables y son los preferidos de los grupos más pobres".

Sin duda, el factor educación, la promoción de hábitos alimentarios saludables, tiene un peso en la forma en que come la población de bajos ingresos.

Las desigualdades en el acceso a los mensajes de promoción de la salud, a la educación sanitaria y a los servicios adecuados de atención de la salud impiden conocer la importancia de los cambios de comportamiento necesarios para lograr un modo de vida más sano, lo que implicaría evitar los factores de riesgo para las enfermedades crónicas no transmisibles asociadas a la nutrición, como algunas cardiopatías, la diabetes, la hipertensión, algunos tipos de cáncer, la osteoartritis y la osteoporosis, entre otras.

"Una idea muy difundida es que la mala nutrición es el resultado del desconocimiento; que los pobres arman sus canastas de consumo con pan y fideos porque ignoran las características de una alimentación adecuada", dice Aguirre. Pero se han hecho estudios que desdicen este mito y cuyo análisis indica que "el patrón alimentario se mantiene estable pero que la caída global del consumo de alimentos no puede atribuirse solamente a un problema de educación sino, también, de acceso".

La obesidad y el sobrepeso han sido históricamente subestimados en América Latina y el Caribe, porque se les percibía como problemas remotos que pertenecían a contextos socioeconómicos de abundancia, insignificantes ante la desnutrición por falta de proteínas y a otras deficiencias específicas asociadas con la pobreza. La realidad actual de los países del área ha mostrado que ésta era una concepción errónea.

Esa tendencia a la obesidad "no debe ser interpretada como un signo externo concomitante con el fenómeno del desarrollo", dijo el Dr. George Alleyne, Director de la OPS. "...Es engañoso suponer que en los países de América Latina y el Caribe la obesidad es el mismo subproducto nocivo del exceso que caracteriza a las sociedades de ingresos altos".

"Además, es un error pensar que las acciones que algunos países ricos han emprendido para enfrentar los efectos adversos de la obesidad y el sobrepeso pueden copiarse o adaptarse: el problema es otro, esencialmente diferente y probablemente más grave en los países pobres", concluyó el Dr. Alleyne.

La OPS, que funciona como la Oficina Regional para las Américas de la Organización Mundial de la Salud, fue establecida oficialmente en 1902 y es la organización de salud más antigua del mundo, trabaja con todos los países de las Américas para mejorar la salud y elevar los estándares de vida.