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Exposición en Barcelona: 175 años de historia de los refrescos

La muestra se compone de más de 100 botellas, tapones, etiquetas, un centenar de carteles, fotografías y hasta máquinas que se utilizaban hace más de un siglo para fabricar bebidas gaseosas

  • Desde su origen, la industria de las bebidas refrescantes ha estado ligada a Cataluña. A mediados del siglo XIX en algunas farmacias catalanas ya se elaboraban sifones. También en hospitales, como el de Santa Creu i Sant Pau, existía una zona especial para fabricar estas bebidas gaseosas y distribuirlas entre sus pacientes.

  • La industria catalana tiene una larga tradición y es un referente histórico en la elaboración de refrescos. De hecho, algunas familias catalanas llevan generaciones dedicándose a ello. En la actualidad existen tanto grandes compañías como otras de tamaño mediano y pequeño. En las fábricas que existen en Cataluña se elabora cerca del 20% de la producción nacional de refrescos y se generan cerca de 2.000 empleos directos y más 4.500 de manera indirecta.

¿Quién no recuerda las gaseosas de cristal, los clásicos sifones sobre la barra del bar o al chico de Coca Cola Light diciéndonos que nos tomásemos un respiro a media mañana? Todos hemos tarareado alguna vez “dame 24 horas Kas”, hemos aprendido a pronunciar Schweppes con el hombre de la tónica o hemos hecho nuestro el famoso eslogan “Si no hay Casera, nos vamos”.

Y es que los refrescos forman parte de nuestra historia desde hace 175 años. Desde los primeros sifones y gaseosas hasta llegar a nuestros días donde la variedad de productos es la principal característica –con y sin gas, con azúcar o light, de multitud de sabores, etc.-, los refrescos y su industria han cambiado mucho. Igualmente, la publicidad, los envases y los procesos de elaboración se han ido modernizando con el paso de los años.

Toda esta evolución se puede ver en la muestra que estará en el centro comercial Diagonal Mar de Barcelona entre los días 1 y 5 de febrero. Cuenta con elementos de gran valor histórico –muchos de ellos de origen catalán- como una de las botellas del primer refresco sin gas, que tiene la forma de las tres naranjas valencianas que se utilizaban para elaborarlo y que dieron lugar a su nombre, Trinaranjus, sifones con más de un siglo de historia, las populares botellas de las gaseosas -como las de La Casera, La Revoltosa, la Pitusa-, distintos envases de marcas tan conocidas como Coca Cola, Pepsicola, Fanta, Kas o la reproducción de una de las botellas creadas por Jean Jacob Schweppes para contener la tónica en el siglo XVIII. En total, más de un centenar de botellas, tapones y etiquetas que ponen de manifiesto la trasformación a lo largo del tiempo.

La exposición también recoge una antigua máquina llenadora de sifones y más de un centenar de carteles y fotografías que permiten ver cómo se fabricaban antiguamente los refrescos y anuncios que reflejan los cambios de la sociedad en estos años.

Casi dos siglos de historia

Las primeras bebidas refrescantes fueron los sifones, que se elaboraban en farmacias. En sus orígenes se utilizaban para mejorar pequeñas afecciones estomacales pero su consumo se extendió por su buen sabor y su capacidad refrescante para saciar la sed. Ya a comienzos del siglo XX, la oferta era amplia: zarzaparrillas, naranjadas, limonadas, etc.

La gaseosa ha sido un producto clave en la historia de los refrescos, ya que durante décadas lideró el mercado y estuvo presente en todos los hogares. Buena prueba de ello es que en los años 50 había más de 5.000 fabricantes de bebidas gaseosas en el país, que distribuían sus productos por su provincia.

También en los 50 empieza a popularizarse un refresco que ya era conocido en otros países, el refresco de cola, que con los años se convertiría en uno de los preferidos. A partir de la década de los 60, sabores especiales como la tónica o el bitter, supusieron una importante novedad en un mercado dominado por los refrescos dulces. Después, en el contexto de una sociedad que cada vez daba más valor a la imagen y al aspecto físico, aparecerían los refrescos light. También fue aumentando paulatinamente el consumo y la variedad de refrescos sin gas y bebidas que cada vez tienen más valores añadidos.

Pero no sólo aumentaba la oferta de sabores, los envases también se iban adaptando a las nuevas necesidades. A través del centenar de botellas que forman parte de la exposición, se puede observar cómo el cristal era el material más empleado en los primeros años. También el envase del sifón era muy característico, con su cota de malla. Poco a poco se fueron aligerando las botellas y aparecieron las latas y el plástico PET, que es el material más utilizado en la actualidad.

Al mismo tiempo que cambiaban los envases lo hacían los cierres. Desde los más antiguos como el corcho atado con una cuerda o el de bola, pasando por los característicos de las gaseosas, los tapones a presión de porcelana y alambre que estaban cubiertos con un capuchón de plástico o de papel.

Una comunidad pionera

Cataluña destaca por haber sido un referente en la fabricación de refrescos. Existen documentos que acreditan que a mediados del siglo XIX ya había farmacias catalanas que fabricaban sifones, ya que en sus orígenes estas bebidas se utilizaban para tratar pequeñas dolencias estomacales. Asimismo, el hospital de la Santa Creu i Sant Pau contaba en sus inicios con un espacio especialmente dedicado a elaborar estas bebidas gaseosas y repartirlas de forma gratuita entre sus pacientes.

Desde que comenzaron a elaborarse los primeros sifones, distintas familias catalanas se han dedicado durante generaciones a producir bebidas refrescantes. Y, de hecho, el papel de los fabricantes de refrescos en la industria catalana ha sido muy importante, por un lado, para el desarrollo económico de la zona y, por otro, por su aportación a la industria a nivel nacional. Sólo en Barcelona en los años 50 había más de 300 fabricantes de bebidas refrescantes. En la actualidad perviven algunas de esas empresas, que siguen manteniendo la tradición en la elaboración de refrescos desde hace generaciones. La familia Puértolas de la empresa Sanmy, es un buen ejemplo: este año celebran su 115 aniversario y ya van por la cuarta generación dedicados a la elaboración de refrescos.

La importancia de la industria en la economía catalana

En la actualidad, en la industria catalana de las bebidas refrescantes conviven pequeñas empresas familiares, que cuentan con menos de 5 trabajadores, hasta grandes plantas de producción de más de 1.200 empleados. En las 7 fábricas que existen en la comunidad se cerca del 20% de la producción nacional de refrescos y se generan más de 2.000 empleos directos y 4.500 de manera indirecta.

Precisamente, en Cataluña se sitúan algunas de las fábricas de refrescos más modernas de España y de Europa, que han adaptado las últimas tecnologías para optimizar la producción. Estas empresas han realizado grandes inversiones para adaptarse a las nuevas necesidades de la población y, por eso, cada año, sacan al mercado nuevos productos para que cada persona pueda encontrar siempre el refresco que más le apetezca.

La evolución de la industria no pasa solamente por el lanzamiento de nuevas propuestas, sino también, por la adaptación de la producción a las nuevas necesidades medioambientales. Los fabricantes han apostado por la optimización de recursos, tanto en la producción como en la distribución, para garantizar el máximo respeto del entorno. Por eso, han adoptado distintas medidas para reducir el consumo de energía, aplicar técnicas no contaminantes, reutilizar el agua gracias a depuradoras de aguas residuales, reciclar los envases, etc.

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