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El Papel de las Galletas en la dieta diaria

Las características intrínsecas de una alimentación equilibrada o saludable es que debe ser variada, agradable y suficiente. Además de cubrir las necesidades energéticas, debe proporcionar aquellos nutrientes indispensables del organismo. En este sentido los hidratos de carbono que son nutrientes eminentemente energéticos, deben representar un 60% de las calorías totales en una alimentación sana. Este 60% se cubre con diferentes fuentes de hidratos de carbono, entre las que se encuentran las galletas.

En las guías alimentarias (M. y Carazo, 1995; Health Canada 2000; CSIRO, 1994, USDA 2000) se visualizan los diferentes alimentos que integran una alimentación equilibrada. En el diseño de una pirámide alimentaria, la base de la misma está integrada por los alimentos que deben consumirse con mayor frecuencia, mientras que en el vértice se situaran aquellos de consumo ocasional. En todas las guías, los cereales y derivados son el grupo de alimentos de los que se recomienda ingerir más raciones diarias. Dentro de estas recomendaciones, se puede observar que como media se contemplan que 1 ración/día sea de cereales y 2 raciones/día de galletas, o productos de similar composición.

El desayuno y la merienda.

El papel del desayuno es muchas veces mal comprendido, ya que no se tiene en cuenta que una gran parte de la actividad laboral o escolar se desarrolla durante la mañana, lo que requiere un aporte importante de energía. Por esta razón, hemos de decir que es un error dietético importante el reparto inadecuado de la energía en las diferentes comidas que se realizan a lo largo del día y el error más frecuente es el aporte insuficiente de energía con el desayuno. Lógicamente, algunos segmentos de la población, como los niños y adolescentes y los adultos que desarrollan gran actividad física son ejemplos de estas necesidades, mientras que el desayuno puede ser más ligero para otros segmentos de población, como los ancianos, que ven disminuidos sus requerimientos globales de energía, tanto por un descenso de la tasa metabólica basal, como especialmente por una menor actividad física (Grande-Covián, 1984).

Son numerosos los trabajos y libros de Nutrición (Randall y Jacobs, 1982; M. y Carazo, 1995; Mahan y Escott-Stump, 1998) que señalan la importancia de este nivel de energía adecuado en el desayuno. Las recomendaciones citan que debe suponer un 20-25% del total de las necesidades energéticas diarias. No obstante, la realidad es que los hábitos medios del consumidor a este respecto distan de ser los ideales (Mas y Quer, 1983). Una razón que aportan algunos estudios es el hecho de que se dedica un tiempo insuficiente a las comidas y ello diminuye la posibilidad de realizar un desayuno completo y, especialmente, de dedicar mucho tiempo a su preparación. De esta forma, es importante destacar el hecho de que disponer de productos de calidad nutricional que no requieran gran preparación, como las galletas, es una necesidad creciente. Además, la mezcla de diversos tipos de productos es recomendable, para hacer más agradable el desayuno y para cubrir mejor las necesidades de diferentes nutrientes.

Por otra parte, el necesario reparto energético a lo largo del día, para individuos con elevadas necesidades de energía (niños, adolescentes, adultos con actividad física elevada), exige contemplar pequeñas colaciones o consumo de alimentos entre comidas principales. La merienda es el caso más concreto y recomendado de forma más general. También en estos casos, lo que se pretende es un aporte de energía complementario, es decir, se han de completar los aportes de las 3 comidas principales, pero nunca suplementar en exceso.

Estas pequeñas colaciones como la merienda requieren, en primer lugar, evaluar bien la energía adecuada que deben contener (se recomienda un 5-10%, en general, de las necesidades totales diarias) y, en segundo lugar, elegir alimentos fáciles de transportar (cartera, bolso) y de consumir, sin preparación en muchos casos. Por esta razón, pequeños bocadillos, galletas o piezas de fruta son los alimentos que más frecuentemente componen este tipo de comidas.

Pero no sólo debemos tener en cuenta el nivel global de energía, sino que los alimentos que elegimos para la composición de desayunos, meriendas y otras colaciones han de aportar un cierto equilibrio de nutrientes, tanto macronutrientes (proteínas, grasas e hidratos de carbono), como micronutrientes (vitaminas, minerales y otros). Dicho equilibrio no sólo permite cubrir adecuadamente las necesidades de cada uno de dichos nutrientes, sino que es el responsable de regular el equilibrio salud/enfermedad.

Galletas para todas las edades

Las galletas, por su naturaleza, son productos alimenticios cuyo consumo encaja preferentemente en el desayuno, la merienda o en pequeñas colaciones (lo que comúnmente denominamos "picar"), ya que suponen un aporte de energía modulable en unos momentos determinados del día que así lo exigen.

Las principales poblaciones consumidoras y los principales momentos del día u ocasiones para su consumo son los niños, adolescentes y ancianos. sobre todo en desayunos y meriendas.

Las galletas pueden tener un papel fundamental en el aporte de energía e hidratos de carbono de estas dos comidas, que son de gran importancia desde el punto de vista del reparto de ingesta a lo largo del día, y que a menudo son poco consideradas, con lo que resulta un aporte deficiente de nutrientes durante largos periodos del día. Las recomendaciones para la merienda son claras para todas las edades. No obstante, el desayuno debe aportar toda una serie de nutrientes y la energía necesaria para un largo periodo de tiempo como es la mañana. Por ello, es importante respetar las ingestas mínimas recomendadas para el desayuno, correspondientes a cada grupo de edad y para estados fisiológicos determinados o grupos de población con necesidades específicas (Grande-Covián, 1984).

En los niños y adolescentes, así como en los ancianos, existen además recomendaciones específicas de una cierta ingesta energética a media tarde, en forma de merienda. Es bueno, por lo tanto, considerar también el papel de las galletas en este tipo de colaciones (Brines, 1999).

A parte de las recomendaciones para el desayuno, fundamentales como ya hemos dicho antes para todo grupo de población, hay que contemplar que el adulto desarrolla diariamente una actividad laboral, que incrementa más o menos sus necesidades, en función del ejercicio físico que implique. Además, la actividad intelectual intensa también exige un aporte nutricional mantenido. Por tanto, es recomendable no espaciar exageradamente las ingestas de alimento y, sobre todo en casos de actividad física importante, realizar pequeñas colaciones entre las comidas principales (entre desayuno y comida, y entre comida y cena) (Dupin y col., 1997). En todos estos casos, es necesario recurrir a un aporte energético glucídico, de tipo rápido y a través de productos que faciliten el consumo, por ser de elevada concentración de nutrientes, volumen reducido, unidades fáciles de racionar y que sean agradables para todos los paladares.

Actividad física.

Finalmente, las actividades de ocio o deporte, que suponen diferentes grados de actividad física, pero siempre por encima del gasto energético medio, exigen también la ingesta periódica, momentos antes y durante el ejercicio, de alimentos concentrados en energía proveniente de los hidratos de carbono. Así, las galletas pueden ser un buen elemento que facilita la ingestión rápida, concentrada y agradable de este tipo de energía.

Igualmente, aunque con unas exigencias energéticas inferiores, algunas actividades de nuestro tiempo libre, principalmente los viajes, son un ejemplo de situación en la que las galletas pueden ser útiles como sistema para llevar encima, de una forma cómoda, algún producto para picar que suponga un aporte beneficioso de energía, fácil de modular por el pequeño tamaño de sus unidades (30-50 g de galletas).

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