Vino, salud y dieta mediterránea

La dieta mediterránea, es hoy en la consideración de los expertos la aproximación más realista a la dieta ideal. Constituida por productos originarios de las riberas del Mare Nostrum, la dieta mediterránea, consta de una serie de características en las que las frutas, las verduras, los cereales el pescado, el vino son componentes fundamentales.

Desde tiempo inmemorial el consumo de vino se ha ligado a la alimentación de muchos pueblos, especialmente los del área mediterránea. Paralelamente, desde hace muchos años, la sociedad atribuye efectos beneficiosos al consumo de vino, en muchas ocasiones sin ninguna base científica. No obstante, durante la última década, numerosos estudios han demostrado que el consumo moderado de vino, cerveza y determinados licores podrían tener efectos beneficiosos (protectores) sobre la salud. Así, se ha señalado que el consumo moderado de vino y bebidas alcohólicas reduce de forma significativa la mortalidad global y la prevalencia de enfermedades cardiovasculares, además de tener efectos positivos sobre otras enfermedades.

Por otra parte, como en estudios recientes se ha comprobado que los bebedores de vino tienen una menor mortalidad por cardiopatía coronaria y cáncer que los consumidores de otras bebidas alcohólicas, las investigaciones actuales se han dirigido al estudio de los efectos de los componentes no alcohólicos de vino, principalmente los derivados polifenólicos, que actuarían como antioxidantes y anticancerígenos.

Efectos del consumo de vino sobre la mortalidad global y la cardiopatía coronaria

Hasta el momento actual, los efectos cardioprotectores del consumo moderado de vino o alcohol han sido documentados en numerosos estudios realizados en poblaciones tan dispares como Francia, Dinamarca, Yugoslavia, Estados Unidos, China y Nueva Zelanda. Asimismo, en una macroencuesta patrocinada por el gobierno americano sobre los hábitos de bebida de 500.000 personas durante 10 años se ha comprobado que los individuos que toman una o dos bebidas alcohólicas al día tienen una mortalidad un 20% menor que los restantes grupos de población. En este sentido, la propia Asociación Americana de Cardiología ha llegado a afirmar que los bebedores moderados tienen un riesgo entre un 40 y 50% menor de sufrir una cardiopatía isquémica que los sujetos abstinentes. Existe, pues, un notable consenso entre la comunidad científica mundial sobre los efectos beneficiosos del consumo moderado de bebidas alcohólicas sobre la mortalidad global y la cardiovascular en particular.

En algunos de estos estudios como el Copenhagen City Heart Study o el realizado por Serge Renaud que incluyó a 34.000 varones franceses se ha comprobado que la menor mortalidad por enfermedad cardiovascular u otras causas se relacionaba de forma altamente significativa con un consumo bajo o moderado de vino. Asimismo, en el último trabajo publicado en setiembre de este año en una revista de altísimo prestigio científico como Annals of Internal Medicine, el equipo del profesor Groenbaek de Copenhagen, siguió a 24.064 daneses durante 24 – 36 años y comprobó que los bebedores moderados de vino, cerveza y licores presentaban una menor mortalidad por cardiopatía coronaria que los abstemios y los bebedores excesivos, pero también observó que los bebedores de vino tenían una mortalidad significativamente inferior a los consumidores de otras bebidas alcohólicas. El vino parece tener un mayor efecto protector que las otras bebidas alcohólicas, porque reúne los efectos beneficiosos del consumo moderado de alcohol (etanol) con los efectos beneficiosos de los componentes no alcohólicos del vino, principalmente polifenoles.

El menor riesgo de enfermedad cardiovascular que tienen los bebedores moderados se ha atribuido a los siguientes mecanismos:

  • Un aumento del HDL-colesterol, especialmente de las subfracciones HDL2 y HDL3;
  • Una reducción del LDL-colesterol y de su capacidad de oxidación;
  • Una reducción de la capacidad de agregación plaquetaria, una disminución del fibrinógeno y un aumento de la actividad fibrinolítica y antitrombina.
  • Una modificación del endotelio vascular, que causaría una alteración en la producción de óxido nítrico o una reducción en la síntesis de las moléculas de adhesión endotelial que participan en las primeras fases de la arteriosclerosis.

Finalmente, tampoco debe olvidarse que el vino es un alimento que forma parte de la dieta mediterránea que incluye un consumo bajo de grasas saturadas, abundantes frutas y verduras, pan, patatas, judías y nueces, aceite de oliva y productos lácteos (principalmente queso y yogurt), junto a un consumo bajo o moderado de pescado y carne magra.

Es bien sabido que las frutas y verduras tienen un contenido muy rico en antioxidantes y, de hecho, se ha señalado que la ingesta de flavonoides podría explicar gran parte de la reducción de la incidencia de cardiopatía coronaria que se observa en los países mediterráneos. Como se ha observado que los bebedores moderados de vino suelen seguir una dieta más sana y realizan mayor actividad física, algunos autores han señalado que la menor mortalidad y el menor riesgo de cardiopatía isquémica de los bebedores moderados podría ser debido a un estilo peculiar de vida o al consumo de una dieta más sana.

No obstante, estudios epidemiológicos prospectivos en los que se han tenido en cuenta estas variables y sobre todo en ensayos clíncos controlados, se ha comprobado que el consumo moderado de vino tinto tiene un efecto antiinflamatorio y antioxidante que retrasa el desarrollo de la arteriosclerosis. Además, cuando se toma con las comidas, especialmente con la cena, activa el sistema fibrinolítico y evita la aparición de trombosis por la noche y primeras horas de la mañana, las horas en las que se produce la mayor tasa de infartos de miocardio.

Aspectos positivos sobre el cáncer

Por otra parte, en estudios epidemiológicos recientes, incluido el de la American Cancer Society Prospective Study, que analizó los datos de más de 276.000 varones americanos, se ha sugerido que le consumo moderado de bebidas alcohólicas también reducen la mortalidad global por cáncer. En este contexto, numerosos estudios experimentales han referido las propiedades anticancerígenas de algunos productos contenidos en el vino, especialmente el resveratrol, que han demostrado poseer una actividad quimioprotectora frente al desarrollo de neoplasias al inhibir la iniciación, promoción y progresión de determinados tumores. Sin embargo, este tema es muy controvertido, ya que el consumo excesivo de bebidas alcohólicas tradicionalmente se ha relacionado con un mayor prevalencia de neoplasias de las vías respiratorias y del tracto digestivo.

Asimismo, varios estudios han hallado una asociación estadísticamente significativa entre consumo moderado de bebidas alcohólicas y cáncer de colon y de mama. Puede que los efectos de los distintos tipos de bebidas alcohólicas (vino, cerveza y licores) sean diferentes y que el vino, gracias a su elevado contenido en polifenoles antioxidantes, tenga un efecto prácticamente contrario al del resto de bebidas alcohólicas. En este sentido merece destacarse que en el último trabajo epidemiológico del Prof. Groenbaek se comprobó que los consumidores de dosis moderadas de vino tenían una mortalidad global por cancer significativamente inferior que los abstemios y que los consumidores de otras bebidas alcohólicas.

Otros aspectos positivos del consumo de vino

También se han referido otros aspectos positivos del vino. En un estudio realizado en Burdeos, en el que se incluyeron 3.700 varones y mujeres de más de 65 años se comprobó que los bebedores moderados de vino tenían un riesgo 75% menor de desarrollar la enfermedad de Alzheimer y un 80% menor de desarrollar cualquier tipo de demencia que los no bebedores. Los hallazgos de estos estudios irían en contra de la creencia actual de prohibir el consumo ligero y moderado de vino en las personas ancianas.

Asimismo, en estos últimos años se han publicado numerosos trabajos que señalaban que los bebedores moderados tienen un menor riesgo de padecer determinadas patologías como litiasis biliar y renal, diabetes del adulto, artritis reumatoidea, depresión e incluso el resfriado común. También se ha referido que los ancianos que consumen cantidades moderadas de bebidas alcohólicas tienen una menor prevalencia de osteoporosis y una menor probalidad de fracturas óseas, junto a una mejor coordinación motora y función cognitiva que los abstemios.

Conclusión

Actualmente ya nadie duda de los efectos beneficiosos del consumo moderado de vino sobre la mortalidad global y la mortalidad cardiovascular. Sólo existen discrepancias sobre los mecanismos responsables de estos efectos. Asimismo, cada día se recogen más datos sobre sus efectos anticancerígenos y se trata de delimitar cuales son los componentes del vino con mayores efectos. Por último, también existen evidencias científicas que apoyan lo que todos ya sabíamos, que “el consumo moderado de vino tiene que formar parte de una dieta equilibrada y un estilo de vida propio de adultos sanos”