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Binge Eating Disorder: Cuando Eva se transforma en Pac-Man

Síndrome del atracón... ataques de gula incontrolados

Cuando el alma sufre, llega el hambre: los pacientes que sufren de binge eating disorder o “síndrome del atracón” son víctimas de ataques incontrolados de gula. El inconveniente: además de la presión psíquica, el aumento de peso conduce a la aparición de otras enfermedades.

Varias veces por semana aparece el impulso irrefrenable: los pacientes que sufren de binge eating disorder engullen una cantidad excesiva de comida: este es el origen del nombre, ya que el nombre inglés de esta dolencia podría traducirse como “síndrome del atracón”. Los afectados eligen alimentos con un alto contenido de carbohidratos y grasas, que por lo general ingieren a solas, de un modo carente por completo de control, hasta que sienten dolores en el estómago. Lo que sigue a continuación es el sentimiento de culpa, aunque, al contrario que en la bulimia, los pacientes de binge eating disorder no se inducen el vómito. Como tampoco suelen ser demasiado deportistas, la consecuencia es previsible: un aumento de peso paralelo al incremento de la presión psíquica. En adición, también aumentan los riesgos de diabetes o de síndrome metabólico, de hipertensión arterial, infarto al miocardio o de un accidente cerebrovascular.

La modernización de un síndrome

El síndrome del atracón se describió por primera vez ya en 1959 en la literatura psicológica especializada. Sin embargo, su estudio sistemático dio comienzo recientemente en los últimos años. Uno de los factores que motivó este renacimiento fue la recomendación de la Asociación Norteamericana de Psiquiatría de que el síndrome del atracón debía clasificarse como un desorden alimenticio por derecho propio.

Según nuevas investigaciones llevadas a cabo en los Estados Unidos, se calcula que alrededor del 2% de la población general sufre de síndrome del atracón. Este índice se ubicaría entre el 4 y el 9% para el grupo de pacientes obesos, y alcanzaría incluso entre el 30 y el 40% para los asistentes a terapias grupales de reducción de peso. Los expertos piensan que el índice del diagnóstico podría incrementarse en el futuro, a medida que más investigaciones, con sus respectivas publicaciones en revistas científicas, coloquen a esta dolencia en el centro de atención.

Las mujeres sufren de síndrome del atracón con una frecuencia 1,5 veces superior a los hombres, pero, al contrario de lo que ocurre con la bulimia o la anorexia, el supuesto “sexo fuerte” tampoco se libra de este mal. Asimismo, los seres humanos de todas las edades también resultan afectados. Según los estudios pertinentes, el riesgo es relativamente alto durante las fases vitales comprendidas entre los 20 y 30 años de edad así como entre los 40 y los 50, aunque se carece de datos detallados para infantes y jóvenes. En adición, los adolescentes que exhiben parte de la sintomatología suelen desarrollar en la madurez el cuadro completo del síndrome del atracón.

¿Interviene el síndrome del atracón en el sobrepeso?

Detrás de un sobrepeso pronunciado puede esconderse un síndrome del atracón. Los expertos calculan que hasta un 45% de los pacientes adultos de obesidad se encuentran afectados, aunque este índice podría ser aún mayor: “Los ataques periódicos de gula se suelen mantener en secreto y por lo tanto no se registran”, afirma el Prof. Dr. Heinrich Wernze, de la Universidad de Wurzburgo. Una prueba durante la anamnesis podría poner en la pista correcta al médico: Si el paciente responde negativamente las preguntas sobre la obtención rápida de sensación de saciedad al comer, pero de modo afirmativo cuando se le interroga sobre el impulso irrefrenable de ingerir alimentos, esto debería activar las alarmas. En especial los pediatras deberían observar con mucha atención los síntomas en los casos de niños obesos, pues a menudo los infantes y los adolescentes no completan todos los síntomas del cuadro del síndrome del atracón.

Night eating syndrome: escapadas nocturnas a la nevera

Adicionalmente, los especialistas observan la existencia del llamado night eating syndrome, en especial en los pacientes más jóvenes: la aparición de un hambre incontrolable en mitad de la noche conduce a la prole hasta el refrigerador. Estos ataques de gula no son tan marcados como el síndrome del atracón, y todavía se carece de cifras exactas. El consejo de los psicólogos: si en el historial de infantes obesos se refieren trastornos del sueño, podría tratarse de un caso de night eating syndrome.

Terapia: ¿personal u on-line?

Los psicólogos han obtenido buenos resultados mediante la aplicación de la terapia conductual cognitiva. El objetivo: enseñar a los pacientes a normalizar de modo autónomo la ingesta de alimentos y la reducción de peso mediante una alimentación regular, sin necesidad de “dietas de adelgazamiento”.

Adicionalmente deben entrenarse en sensaciones como la saciedad o el hambre y aprender a disfrutar de la comida. Otro de los elementos fundamentales reside en la terapia de movimiento, que les permite desarrollar una adecuada conciencia del cuerpo y reducir algunos kilos no deseados.

“Sin embargo, la terapia en sesiones individuales requiere de mucho tiempo y trabajo, y todavía no se administra de forma extensiva”, dice la psicóloga Sarah Weber, de la Universidad de Ruhr-Bochum. Ahora se pretende crear una ayuda mediante un estudio INTERBED (es decir, basado en internet) de autoayuda conducida para pacientes de sobrepeso. Afirma Wagner: “Si se logra demostrar que una terapia a través de internet resulta igualmente efectiva, este medio podría convertirse en una importante alternativa o en una solución temporal para los pacientes que esperan por una plaza con un terapeuta”.

El proyecto del estudio: Mientras que el grupo que sigue una terapia individual convencional recibe unas 20 sesiones individuales en un período de 4 meses, los pacientes del grupo de internet obtienen sus unidades de atención psicoterapéutica sobre todo mediante el portal on-line. Allí encuentran informaciones acerca de una dieta balanceada, la toma de conciencia del propio cuerpo así como acerca de la canalización adecuada del estrés y de los ataques de hambre. Además, los participantes se comunican vía correo electrónico una vez a la semana con un terapeuta. Otro modelo de autoayuda fue puesto a prueba por los psicólogos del seguro médico Kaiser Permanente, de la Universidad Wesleyan y de la Universidad Rutgers, en los Estados Unidos. Su programa terapéutico basado en el conductismo ayuda a los pacientes de síndrome del atracón a controlar de modo autónomo sus ataques de hambre. Al comienzo del programa, los participantes del grupo tratado recibieron informaciones detalladas sobre su dolencia y sobre cómo lidiar con ella de un modo constructivo. También disfrutaron de ocho sesiones de terapia a lo largo de doce semanas, en las que el terapeuta explicó los principios de la terapia conductual cognitiva y proporcionó indicaciones para la autoayuda. Al final del programa, el nada despreciable índice de 63,5% de los pacientes dejó de sufrir ataques de gula, mientras que en el grupo control este índice fue del 28,3%.

Los resultados se mantuvieron más o menos constantes a lo largo de un año. Con el fin de obtener un éxito duradero, los expertos recomiendan analizar en profundidad los problemas que pueden conducir a un desorden alimenticio. Según el historial de cada paciente, se puede complementar la psicoterapia con un tratamiento basado en inhibidores de la recaptación de serotonina (SSRI), antidepresivos tricíclicos o topiramato.

Investigación: en busca de las causas

Se considera que el síndrome del atracón se puede desencadenar debido a factores físicos o psíquicos. “En principio, los mecanismos genéticos son los menos estudiados hasta el momento”, dice la Dra. Simone Munsch, del Instituto de Psicología de la Universidad de Basilea. Sin embargo, existen indicios que apuntan hacia concentraciones familiares independientemente de la masa corporal, lo que podría representar un punto de partida para la investigación. Munsch: “Se ha determinado que los afectados son especialmente propensos a trastornos emocionales como la depresión o la ansiedad”. Del mismo modo, los investigadores consideran que factores tales como estrés, ira, abulia o una insatisfacción general podrían ser los factores desencadenantes.

Frustración al hacer dietas

Otros factores desencadenantes pudieran ser las dietas de adelgazamiento. Actualmente los psicólogos debaten si la acumulación de experiencias frustrantes que resultan de probar varias dietas siempre distintas sin obtener jamás resultados positivos no conduce a desórdenes alimenticios. Esto implicaría que el llamado “efecto yoyo” de algunos programas de reducción de peso (es decir, la recuperación rápida del peso después de una dieta) también comporta consecuencias a nivel emocional. La frustración producida por no obtener la figura deseada conduce a nuevos ataques de gula, con lo que el círculo vicioso está servido.

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